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  Mi mamá estaba triste desde que se enteró de que recibí mi carta de admisión de la universidad la semana pasada y iba a estuadiar lejos de casa.

  Me permití abrazarla, intentando calmar el leve temblor de su cuerpo.

  Aquel día fue bastante difícil para las dos. Ella no quiere volver a perderme, y estoy segura de que yo tampoco quiero eso. Pero tengo un ardiente deseo de salir. Quiero encontrarme, y necesito recuperar lo que perdí.

  Tengo que irme por algunas razones. He empacado las últimas cosas que tengo. Mañana por la noche ya no estaré más aquí. El pequeño pueblo en el que crecí me despedirá, y la abrumadora ciudad de New York se convertirá en mi nuevo hogar.

  —Lucy querida, baja —Escuché decir a mi madre.

  —¡Ya voy! —Grité en respuesta.

  —¿Qué ocurre? —Pregunto una vez estoy en el recibidor.

  —Unos amigos tuyos, linda.

  La emoción me embarga casi de forma instantánea. La familiaridad de los rostros me devuelven a la realidad de hace unos meses atrás. Mi corazón late en mi pecho y siento que no puedo evitar el impulso de correr hasta ellos.

  —¡Oh, santo Dios! Katy, Bruce, ¿qué hacen aquí? ─Reí con emoción. Mi voz un poco abrumada. Los envolví en un abrazo que rápidamente fue correspondido.

  Katy es mi amiga desde que tengo memoria. Mi madre y su madre eran mejores amigas así que se puede decir que crecimos juntas. Por otro lado, Bruce es nuestro amigo desde quinto grado, nuestra amistad empezó cuando unos chicos mayores nos molestaban a Katy y a mí; él pelirrojo nos defendió. Y como tal vez suele ocurrir en algunas amistades, Katy empezó a gustar de él. Tiempo después él nos confesó que le gustaban los chicos, y en lugar de que algo cambiara entre nosotros, nos hicimos más unidos. Katy y yo guardamos el secreto, y adoramos con la vida a nuestro sexy mejor amigo gay.

  —¿No esperabas que te dejáramos ir sin antes despedirnos verdad? —Habló Bruce, elevando una ceja y cruzándose de brazos.

  Reí ante su pregunta.

  Honestamente me moría por que ellos pudieran estar aquí antes de que me fuera, porque después de que lo haga pasará mucho para que nos volvamos a ver.

  —Chicos, es increíble que hayan viajado desde tan lejos. —Reconocí, sabiendo que ese era el motivo principal por el cual había decidido mantener mi mudanza en secreto.

  —¡Iremos de visita en tus vacaciones de verano! —Gritaron con la voz chillona. Abrí los ojos con sorpresa, tal vez por el grito o por la noticia. Me reí, emocionada.

  ─Juro que no esperaba menos de ustedes ─Repliqué.

  ─Dudo que el ambiente dulzón se deba al pastel que acabo de sacar del horno ─Dijo mi mamá, que de forma repentina entraba en el salón.

  Mis amigos ya conocían lo bastante bien a mi mamá como para saber que si ella hablaba de pastel, lo que quería decir realmente era «Coman antes de que se enfríe». Así que obedeciendo sus señales, los tres nos dirigimos entre risas al comedor.

  ─Gracias señora Danvers ─Dijeron Katy y Bruce a la vez.

  Unas horas después, mis amigos planeaban irse y les pedí que se quedaran, ya que no podríamos volver a vernos por mucho tiempo.Junté mis manos en un acto involuntario. Puse la cara más tierna que podía girando un poco mi cuerpo, y admito que la forma en la que alargué la o pudo haber parecido ridícula. Bruce pareció pensarlo. Su ceño levemente fruncido me decía que probablemente se negaría, pero para mi suerte, el sonido estruendoso de un trueno interrumpió el silencio.

  El miedo en el rostro de mi amigo me hizo gracia.

  ─Vale, no se diga más, nos quedamos ─Decretó Bruce.

  Recordé que él le tenía miedo a los truenos, relámpagos y ese tipo de sonidos fuertes que provocan las tormentas, y que por lo general, aquí suelen ser el pan de cada día.

  Contuve la risa que me provocaba su cambio repentino, y temiendo que cambiaran de opinión, me dirigí a buscar las cosas necesarias para la pijamada. Estaba segura de que luego de esta visita, para verlos iba a pasar un largo tiempo, así que debía aprovechar ahora que podía estar con ellos.

  Mientras esperaba a que llegaran, ordené los colchones y los cubrí con sábanas limpias y coloqué colchas abrigadas. Sonreí para mis adentros, recordando todas las veces que hicimos esto.

  Con las manos repletas lograron sentarse en las camas improvisadas. Bruce casi siempre era quien proponía los juegos o actividades, y esta vez tampoco había sido la excepción. Así que esa noche, mi última noche en casa, entre bromas, juegos tontos y demás, logró ser realmente especial.

  Nos habíamos quedado dormidos y era tarde, no quedaba mucho tiempo, y debía por lo menos estar con dos horas de anticipación en el aeropuerto.

  ─Vamos chicos, levántense, llego tarde. ─Insistí al ver cómo se movían, pero sin mostrar ninguna intención de querer despertar.

  Sabía de sobra que ni Katy ni Bruce pertenecían al grupo de personas que se levantaban al primer aviso.

  Después de despertarlos, me duché tan rápido como pude y me cambié a ropa cómoda y conveniente.

  ─Es tarde, Dios, ni siquiera me da tiempo de desayunar ─Gruñí.

  La sensación de tener el tiempo contado es horrible, y al instante en el que asimilé que aún podía terminar de hacer las cosas con calma, me sentí feliz, como si hubiera recibido una buena noticia. Casi enseguida mi mamá nos llamó desde el comedor para ir a desayunar. Nos sentamos en la isla de la cocina. Mientras comíamos, entre uno que otro comentario por parte de Bruce, que solía ser muy activo por la mañana, pude notar el brillo de felicidad que tenía mi mamá en los ojos.

  Unos meses atrás no imaginaba el cambio que iba a tener mi vida. Nunca pasó por mi cabeza la idea de que aquel hombre al que llamé papá, sería capaz de lastimarnos tanto.

  También sé que Paula, la madre de Katy, y María la madre de Bruce, fueron un fuerte en el cual mi mamá pudo apoyarse. Aunque le costaba, sé que puso mucho esfuerzo de su parte para hacer todo más fácil para mí. Por eso detesto la idea de ser una carga para ella, mucho más ser algo que le recuerde momentos dolorosos.

  Me obligo a reprimir las ganas de llorar cuando siento el nudo en mi garganta. A pesar de el tiempo que ha pasado, las cicatrices en mi cuerpo y en mi memoria siguen.

  ─Por Dios, hija, no puedo creer que te marches ─Dijo mi mamá, limpiando las lágrimas gruesas que rodaban sin pudor por sus mejillas.

  Mi corazón late con fuerza ante la imagen de su rostro descompuesto por el llanto que ya no se molesta en evitar.

  «Pasajeros con destino a New York, acercarse al pasillo C—10»

  Como pude compartí una mirada con mis amigos, que de último momento decidieron acompañarme. Bruce tenía un puchero tierno en el rostro, y Katy por momentos aprisionaba su labio inferior entre sus dientes.

  «Último aviso, pasajeros con destino a New York, acercarse al pasillo C— 10»

  El sonido del altavoz me ponía nerviosa.

  ─ Entonces, irán de vacaciones, ¿no? ─Pregunté, intentando prolongar la despedida, aunque se que está agotado el tiempo.

  Ellos asintieron. Creo que eso era todo...

  Y con esas últimas palabras me encaminé hacia el pasillo que indicaba la mujer por la bocina. El procedimiento desde ahí fue bastante rápido. Subí, busqué mi asiento. Una vez estuve cómoda, dejé salir a grandes bocanadas el aire de mis pulmones.

  Tengo la ilusión de que todo sea diferente. Estoy preparada para iniciar con el pie derecho. Seré amable y daré lo mejor de mí en los estudios y en el trabajo. Por otro lado, el amor, aunque prefiero mantenerlo en segundo plano, si llega a aparecer en algún momento, deseo de todo corazón que sea para compensar lo que viví.

  No fue fácil, nada en mi vida ha sido fácil, y espero que ahora la vida por fin me sonría. Me siento preparada. Nueva ciudad, nuevas experiencias, pero sobre todo... nueva vida.

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