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Nunca pude tener un bebé por culpa de mi marido...
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La oscuridad de la noche caía como un abismo.

Dorothy Fisher estaba todavía aturdida por el sueño, cuando sintió que su cuerpo era dado vuelta con energía por un par de manos fuertes. Entonces, un cuerpo masculino, delgado y fuerte, se apretujó sobre ella, mientras dos dedos helados sujetaban su barbilla con firmeza. 

Dorothy se agitó en sueños; la despertaron los escalofríos en la barbilla. Casi inconsciente, apartó al hombre que tenía encima, y se distanció, al momento siguiente, en cuanto sintió un fuerte olor a alcohol y un aliento familiar.

Como era de esperar, Credence Scott estaba de regreso. Solo cuando estaba borracho y la necesitaba, la buscaba en la habitación de huéspedes.

"¡Soy tu esposa legítima, no una mujer a la que puedas pagar para hacer lo que quieras!". Dorothy tembló de ira. "Me molestas cada vez que duermo. ¿No podrías mostrarme un poco de respeto?".

Inmovilizada en la gran cama, Dorothy retorcía su cuerpo con todas sus fuerzas, se resistía con fiereza, no dispuesta a que él la besara, pues apestaba a alcohol. ¿Quién sabía a qué mujer había besado antes de volver y besarla?

Durante sus cuatro años de matrimonio con Credence, Dorothy había sido tratada con fría violencia. Pensaba que su cuerpo había sido entrenado durante mucho tiempo para ser invencible. Sin embargo, esa noche, el ebrio comportamiento de Credence dio, de todos modos, un golpe preciso en su punto débil. El dolor era tan intenso que casi no podía respirar.

"Tu esposo no vuelve a casa hasta tarde en la noche, y ni siquiera te molestas en llamarlo. Oh, Dorothy, ¿todavía sabes que eres mi esposa?".

Dorothy siempre había sido dócil, pero ahora su repentina resistencia encendió en Credence un ataque de ira inexplicable. Entonces, él la sujetó del mentón con mayor firmeza, como si quisiera matarla.

"¡Ay!... Duele...". Cerró los ojos con fuerza. "¡Realmente dolió!". Temblando de dolor, abrió los ojos y miró a Credence, cuyos ojos estaban tan fríos como el hielo; se mordió los labios despacio, pero no pudo emitir ningún sonido.

Después de un rato, Credence salió de la habitación de huéspedes; una vez más, la habitación quedó en silencio.

Dorothy sintió como si su cuerpo estuviera a punto de desmoronarse. Justo cuando estaba a punto de ir al baño a limpiarse, Credence volvió a entrar en la habitación y le arrojó una caja de medicamentos. 

"¡Trágalos ahora mismo!". Dijo en tono despreocupado, pero cada palabra sonó tan brutal como una bofetada. Cada vez que tenían relaciones sexuales, Dorothy se veía obligada a ingerir pastillas frente a él. Si se negaba, él se las hacía tragar a la fuerza. 

Esas pastillas servían para prevenir un embarazo. Credence sentía que ella no era digna de tener a su hijo; pues, en su corazón, ella no se había detenido ante nada solo para casarse con él, y la consideraba solo una mujer intrigante.

Frente a su agresión, Dorothy ya no tuvo fuerzas para resistir, se metió las pastillas en la boca y se las tragó.

Un mes y medio después...

"Felicidades, Sra. Scott. Tiene cuarenta días de embarazo. El latido del corazón del feto es normal y se está desarrollando bien", le dijo el médico a Dorothy con voz suave.

Dorothy se mordió los labios cuando el médico le entregó el informe de la prueba. Al enterarse de que iba a ser madre, sintió tanta alegría como dolor: era un accidente. ¿Le gustaría a su marido su hijo? ¿La odiaría menos por la existencia de su hijo?

......

Aferrada al informe de su prueba de embarazo y con una expresión tranquila, Dorothy salió de la sala de consulta.

En el pasillo, un hombre guapo, con expresión indiferente y ojos llenos de hostilidad, se acercó a ella. La repentina aparición de Credence tomó a Dorothy por sorpresa. Se le estrujó el pecho y comenzó a sentir pánico; sin embargo, forzó una sonrisa y dijo:

"Credence, ¿por qué...? ¿por qué estás en el hospital?".

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