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¡Convirtiéndome en la sirvienta del frío Alfa, él me mimaba!
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Perspectiva de Dina

—¡Despierta! —gritó una voz.

Ni bien el grito retumbó en las paredes de mi habitación, salté de la cama, lista para luchar por mi vida; pero mis pies se enredaron en las sábanas y caí de cara al suelo. Largué un quejido y me froté la nariz, que palpitaba tras la caída. ¡Maldita sea! Gracias a la diosa los hombres lobo nos curamos rápido, de lo contrario, estoy segura de que hubiera necesitado una operación de nariz.

—¡DINA! —la voz llamó de nuevo con un tono claramente molesto, y así como si nada, dos fuertes brazos me agarraron y me levantaron del suelo—. ¡Deja de jugar y levántate!

—¡¿Qué?! —Murmuré todavía medio dormida y tratando de entender lo que estaba pasando a mi alrededor. Finalmente, logré darme la vuelta y dejé escapar otro quejido cuando reconocí a quién pertenecía la voz. Era mi hermano mayor y tutor, Dylan. Estaba corriendo en la oscuridad, agarrando todo lo que sus manos podían sostener y metiéndolo en un bolso. 

De seguro, cualquier persona normal se asustaría al ver a su hermano robando cualquier cosa con el más mínimo valor, pero siendo honesta, después de cinco años de lidiar con esta mierda, ya me había acostumbrado. Largué otro gemido, en voz alta esta vez, y sin mirar atrás, caminé de vuelta a la cama y me metí en las sábanas calientes de nuevo. 

Dylan tenía problemas. Aunque él era varios años mayor que yo y se suponía que era mi tutor, no tenía lo necesario para arreglar sus mierdas. Siempre estaba huyendo de usureros, mafiosos o algún negocio de mierda de «hacerse rico rápidamente» que había salido mal. 

Siempre decía algo en grande, daba algunas vueltas y luego desaparecía durante meses haciendo... ¡Dios sabe qué! Y luego, de la nada, aparecía así, corriendo por nuestra antigua casa, buscando cualquier cosa que pudiera vender. Bueno, fuera lo que fuera en lo que se había metido esta vez, yo no iba a...

—¡Vamos! —me gritó al oído, haciéndome saltar casi un kilómetro en el aire. 

Me puse de pie de inmediato, sin embargo, todo lo que vi fue su gran figura desapareciendo por la puerta, dejándome sin saber qué diablos se suponía que debía hacer. Pero sí sabía que no podría volver a dormir... Por otro lado, si lo hacía enojar se pondría violento conmigo, ¡MUY violento! Así que me obligué a salir de la cama.

Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico hace cinco años junto con nuestro hermanito, Dug. Y aunque los hombres lobo se curan rápido y, en general, no son fáciles de matar, de algunas heridas ni siquiera un lobo puede escapar. De modo que me quedé sola con Dylan, quien "afortunadamente" tenía 18 años en ese momento y obtuvo mi custodia.

No es que realmente se preocupara por mí ni nada, pero disfrutó cobrar todos los beneficios que obtuvo del trato. Mientras él estaba fuera haciendo lo suyo, yo toqué fondo: tuve que bucear en la basura de los grandes centros comerciales y hacer mi propia ropa.

Afortunadamente, es fácil mentir en línea, así creé una cuenta bancaria separada y, dado que yo era, sin presumir, una artista bastante talentosa, gané suficiente dinero para pagar las facturas.

—¿Dylan? —pregunté cuidando mi tono para no enojarlo—. ¿Qué estás ha...?

En ese instante, casi choqué con él mientras daba vueltas apurado, ahora con una gran bolsa de lona y... y finalmente me desperté por completo cuando me di cuenta de que estaba vaciando mis cajones y armario en ella.

—¿¡Qué estás haciendo!? —Di un grito ahogado a la vez que saltaba e intentaba quitarle la bolsa de las manos. 

Con el tiempo, me acostumbré al comportamiento de Dylan. Él no tenía en cuenta el espacio personal, las cosas de otros ni el dinero. Hacía tiempo que se había gastado los ahorros que nuestros padres hicieron para nosotros. Además, todo lo que tenía algún valor en la casa lo empeñó en alguna parte. La habitación de nuestros padres estaba vacía y todo lo que Dug había tenido ya no estaba. 

Incluso algunas de mis cosas habían desaparecido. Podría odiarlo por eso, y en cierto modo lo hacía, pero... no podía hacerlo por completo. Por algún motivo, no podía... De hecho, lo encubrí varias veces. Le mentí a los trabajadores sociales solo para mantenernos juntos. 

Era un idiota y un hermano de mierda en el mejor de los casos, pero… ¿Qué puedo decir? Él era mi familia, la ÚNICA familia que tenía. El mismo sangre de lobo corría en nuestras venas. ¡Pero en serio! ¡¿Robar mi ropa?! No valía nada y de seguro no estaba dispuesta a deambular desnuda por el territorio de la manada. ¡Hombre lobo o no…!

—No tengo tiempo para explicarte —dijo Dylan duramente, pero no trató de recuperar la bolsa—. ¡Empaca lo que necesites! Salimos en 10 minutos.

¡¿Salimos?!

—¡¿QUÉ?! —Llamé a la figura que se retiraba, pero él solo repitió la orden de empacar. Un segundo después pude escucharlo revisar sus propias cosas, maldiciendo y murmurando para sí mismo. Suspiré y por un segundo me pregunté si este era el día en que debía mantenerme firme y decir que ya era suficiente, que no quería aguantar más de sus idioteces…

Sin embargo, conociéndolo, iba a salirse con la suya de una forma u otra. Puede que fuera mi hermano, pero gentil no lo era. Me golpeaba y amenazaba con matarme hasta que hiciera lo que él quería. Y aunque yo era fuerte y podía defenderme... Bueno, digamos que lo intenté una vez y descubrí que ¡las heridas de cuchillo son una porquería! En especial cuando quieres ganarte la vida creando arte...

Después de pensar un instante, comencé a poner lo que necesitaba en la bolsa de lona, junto con todo lo que consideraba valioso, como la única foto familiar que tenía de mis padres y mi hermanito, y una foto enmarcada de un dibujo que me había hecho mamá. Ella fue quien me inspiró a convertirme en arquitecta...

Luego, fui al baño a empacar lo que necesitaba de allí, maldiciendo mentalmente a quien le había dado a mi hermano el poder de dictar mi futuro por otros 3 años. Sí, se las arregló para convencer a algunos bastardos enfermos de que yo estaba volviendo a empezar y necesitaba de él como mi tutor por 3 años más; hasta que cumpliera 21. 

Y, por supuesto, ¡obtuvo la buena dosis de dinero que el gobierno proporcionaba a los pobres y necesitados! Por el provecho que le haya sacado...

—¡Vamos! —gruñó Dylan impaciente, justo cuando me había puesto un par de jeans desgastados y una camiseta demasiado grande para mí, pero que había pertenecido a papá. Aparentemente se había cansado de esperarme, por lo que me agarró del brazo y me arrastró por el pasillo hasta la puerta principal—. ¡No tenemos mucho tiempo!

Todo lo que entendía era que llegábamos tarde a algo. Resoplé para mis adentros, ¡¿cómo podríamos llegar tarde a algún lado a esta hora?! Deseaba tener las agallas para preguntarle, pero suspiré y lo seguí sin más.

Volví a quejarme mientras salía a tropezones a la fría noche, me hubiera caído si no me agarraba de la barandilla. Sí, soy muy, muy torpe. Uno pensaría que siendo en parte lobo, tendría una habilidad natural para controlar mi cuerpo.

¡Pero no! Era tan torpe a los 18 como un potro recién nacido. Lo odiaba, pero por alguna razón, mi lobo interior pensó que ayudaría si gruñía en el marco de la puerta. ¡Como si eso fuera a enseñarle a no hacerme tropezar! Lobo estúpido…

Rápidamente me levanté y seguí a Dylan al auto. Era otro, como cada vez que regresaba... siempre tenía un coche distinto. Sospeché que lo había robado, pero no hice comentarios al respecto. Tiré mi bolsa de lona en el asiento trasero y me senté en el asiento del pasajero.

—¿Adónde esta vez? —pregunté, apoyándome conscientemente contra la ventana, lo más lejos posible de él, en caso de que se volviera loco de ira. Todavía estaba medio dormida pero estaba completamente enojada, aunque no se lo hice saber. 

Y no, esta no era la primera vez que mi hermano me despertaba en medio de la noche y me sacaba de la casa para quedarme en un hotel de mierda por un par de días. Llegado a este punto, lo que me enfurecía era toda la tarea y los proyectos en los que estaría atrasada cuando él considerara que era seguro volver.

—Todo a su tiempo, hermana —murmuró antes de pisar el acelerador al máximo. Y con eso, mi vida estaba a punto de dar un giro inesperado...

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